Transcurrimos horas históricas. La entrega de facultades a un presidente electo es una imagen gratamente repetida, lo vimos en el 83 cuando Bignone le entregó el bastón al presidente electo, Raúl Alfonsín, luego de 7 años de gobierno militar. En 1989 entregando este mismo al electo Carlos Saul Menem. En 1999 cuando la Alianza encabezada por Fernando De La Rúa gana las elecciones. Y en 2003, 2007 y 2011 cuando un mismo signo político asume el mandato.
En el año 2011 Florencia Kirchner, hija de Cristina Fernández, le entrega la banda y el bastón presidencial a su madre tras su reelección. Una imagen parecida mas a una monarquía que a una democracia.
Hoy vivimos un momento que capaz se vio poco en el mundo, lo que es na disputa por la entrega de facultades. La disputa de porque sean entregados en la Casa Rosada para evitar el abucheó de militantes del gobierno saliente. Obviando el artículo 93 de la Constitución Nacional donde estipula que la entrega será frente a Asamblea Legislativa constituida.
Lógicamente cualquier presidente no quiere ser silbado y tampoco lo merece si aún no asumió. Existe el error por parte de ambos sectores, uno debería garantizar seguridad y permitir vivir una fiesta democrática en paz, donde no sea abucheado y sea aplaudido como paso en 1983 y 1999 donde el gobierno saliente pertenecía a un partido y el entrante a otro. No se debería querer imponer los métodos de asunción.
Esto que se vive entristece una fiesta y entorpece el comienzo de un gobierno. De esta manera no se asegura la gobernabilidad fija porque no es una pelea de chicos, es una vergüenza argentina. Ojalá se defina de buena manera y no se ensucie una fiesta. Ojalá que todos los partidos y sus representantes sepan dialogar como no supieron hacer en estos años. Por el bien de Argentina, y de los argentinos.
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